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Las mejores terrazas para compartir el verano

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Próximo destino: Àtic

Los desvanes esconden misterios: tramoyas de una vida, retratos prisioneros, palabras perdidas en cartas que ya nadie lee, pero ante todo, la memoria inevitable. Tras el desván, la terraza. Todos tenemos la nuestra. El lugar de los besos robados, de conversaciones clandestinas, el primer cigarro o la primera copa, donde jugábamos a ser mayores… ¡Pocas cosas me hacían tan feliz entonces!

Desde aquellos años, por si en la alturas vuelvo a tropezar con aquella felicidad inocua, cuando estreno ciudad, intento conquistar mi propia terraza Las terrazas consiguen que me sienta libre, cómodo, ligero de equipaje, sobre todo, si la compañía (o la soledad) es elegida. Cuánto más cerca del cielo los instantes destilan mayor encanto, pureza. Saben mejor. Mientras allí abajo, el cosmos continúa su devenir. El fluir de Heráclito.

Pero… ¿por qué las terrazas se han puesto tan en boga? Nuestro clima facilita su proliferación. Son versátiles, frescas. Con diseño, música en vivo. Un vermut, un coctel, desde el mediodía a la media noche; la madrugada, para los más canallas. Los hábitos en cuanto a ocio se refiere han cambiado, y estos hotspots, se adaptan a las nuevas tendencias. Salimos más y de mejor manera. España lo requiere. Por ello, desde Cruza te proponemos una ruta de terrazas ineludibles, con duende, enclaves donde perderte este verano o encontrarte:

El arte en las alturas

Lejos de lo que se piensa, Madrid en verano es mágico. Y más, a ras del cielo. Compruébalo en la Azotea del Círculo de Bellas Artes (CBA). A 56 metros de altura, la terraza ofrece un mirador inigualable de la ciudad. Sus vistas abarcan, desde la sierra de Guadarrama al norte, hasta el Cerro de los Ángeles al sur. 360 grados de puro vigor. En plano picado, el día a día continúa por la calle Alcalá.

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Círculo de Bellas Artes, vistas de artista.

Un rincón de ensueño

Otro imprescindible en los veranos de Madrid es Florida Retiro, un clásico reinterpretado. Ubicado en el parque más emblemático de la ciudad, junto a la icónica cúpula de Fernando VII, las puertas de esta azotea se han reabierto con un renovado look&feel fresco y relajado. Sofisticado y acogedor. Sus colores cálidos evocan los oasis del desierto de Marruecos. Cocina de fusión, cócteles selectos y música en directo. La Terraza de Florida Retiro, el mirador de los cuentos de Las mil y una noches…

Un viaje a Marruecos desde el corazón del Retiro.

Oda al hedonismo

Frente al Mediterráneo, como vive la urbe. Como se encuentra 1881 La terraza de las Indianas, en los altos del edificio del Palau del Mar, sede del Museu d´Història de Catalunya. De estilo inglés, su telón de fondo es el Port Vell de Barcelona y el litoral que lo circunda. Paz y tranquilidad. Evocación y cultura. El grupo Sagardi conjuga todos los elementos ineludibles, para recrear un ambiente mindful. Alejado del mundanal ruido, una isla callada en la ciudad que nunca duerme.

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Respira mar desde La terraza de las Indianas.

Pasión y casta

Sevilla tiene un color especial y la Terraza level 5th, también. Para coronarla, hay que cruzar el Guadalquivir, llegar hasta Triana y subir al último piso del Hotel Ribera de Triana. Buen puerto para echar el ancla. Allí podrás degustar los mejores cócteles de la ciudad, bajo un elegante y relajado ambiente. Sus vistas panorámicas son increíbles, como sus gentes, el flamenco y la cerámica del barrio hispalense. Por cierto, Sevilla ha sido elegida como mejor urbe para 2018 por Lonely Planet. No te la pierdas.

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El Guadalquivir desde la Terraza Level 5th.

Viaje al Modernismo

En 1905 Ricardo Bastida construye -en el Ensanche de Albia- una nueva alhóndiga: industrial y funcional, como mandaban los cánones de la época. Algunas décadas después, el grupo Yandiola toma las riendas del edifico y lo transforma en un icono gastronómico de la villa. En la última planta, La terraza del Yandiola se ha convertido en el mirador más sofisticado de Bilbao. Lugar idóneo donde comprobar la mezcla de tradición y vanguardia que confluyen en el contexto. Zeuk (tú mismo).

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Al fondo la cúpula que aureola la Terraza.

Un lugar de leyenda

Permanecemos en el cielo norte. Último piso del Hotel Pompaelo, terraza 1423 Sky Bar. El Hotel debe su nombre al general romano Pompeyo, de quien se dice que fundó la ciudad en el 74 a. C. Aunque su nombre oficial (Iruña) arranca en 1423, de ahí el nombre de la terraza. Historia y modernidad corren por las venas de Pamplona y su terraza. Una azotea convertida en lounge a vista de pájaro. Diseño, música y sutil vapor de bebidas espirituosas.

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Tras el cristal Iruña, ciudad del mito Hemingway.

Para un gin-tonic infinito

La terraza by Finisterre, donde acaba el mundo (o empieza). El sirimiri gallego no impide disfrutar de sus espectaculares vistas, las acompasa. Aunque en los días azules, sus atardeceres impregnan de asueto este mirador de meigas inocentes, que impulsan a un merecido carpe diem. Sorprende su extensa carta de bebidas y destilados. Date un capricho en las tardes coruñesas.

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La terraza del fin de la tierra.

Sentido y sensibilidad

Intimidad y sensualidad para contemplar la mejor puesta de sol balear. Su piscina de 30 metros cuadrados, el solárium y la cocina japonesa, junto a la de origen palmesano, dibujan un plano de fusiones exótico. Un paraíso donde degustar una copa de champán entre las torres góticas que enmarcan la ciudad vieja. Simbiosis medieval y romántica. En Rooftop Terrace Bar el azul marengo cobra otro sentido.

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En el Hotel Sant Francesc, situado en pleno centro de la capital.

Zaragoza a cielo abierto

En una antigua almazara de la ribera del Ebro, entre los Puentes de Piedra y de Hierro, yace esta terraza. Un local con siglos de solera, convertido en apeadero obligado en la Zaragoza mudéjar. La perspectiva de la basílica del Pilar y el binomio de gastronomía clásica-moderna, no defraudan. La ciudad de las cuatro culturas, proyectada desde la Terraza del Molino de San Lázaro, seduce. Volverás.

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A la fresca del Ebro.

Un hechizo contemporáneo

Pocas ciudades existen en el mundo tan brujas como Granada. Su firmamento, su raza, sus palmas. Desde la Terraza del Hotel Carmen, a ritmo de guitarra, siéntate, baila, capta cada detalle, degusta sus combinados. Contemplar la Alhambra desde este mirador, navegar bajo su luna… “Por el agua de Granada, solo reman los suspiros”, palabra de García Lorca.

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La Alhambra, un palacio único en el mundo.

Tócala otra vez, Sam…

Àtic es la terraza de València. En la azotea de Palau Alameda, existe un non-stop desde las 12.00 hasta las 3.00 horas, de lunes a domingo. Donde lo único que se detiene es el reloj, para que atrapes el momento y conectes con el ahora. Atravesar su puerta supone un espectáculo sensitivo. Una experiencia única. De principio a fin. Porque todo sucede allí.

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València a vista de Àtic.

La vegetación de la terraza te sumerge en una cuidada selva mediterránea: la fauna, la flora, el cobalto, el ocaso…las mejores vistas de València. Un edén urbano donde realizar eventos, con detalles que marcan la diferencia; o colmar el sueño de una noche de verano. El nuevo templo del terraceo, en el que degustar recientes cócteles de autor. Pide la receta, si te atreves. El buenrollismo materializado. Religión Alameda.

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Àtic: un oasis en pleno centro de València.
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La propuesta gastro de Àtic Bar/Restó te ofrece un menú según la ocasión. Filosofía do it yourself. Sé el protagonista; comer ya no será lo mismo. Nuestro chef ejecutivo Nicolás Román, te guía. Déjate llevar por los aromas de sus platos. Con la mejor música en directo. No desearás irte. Anatomía de los sentidos. Explosión Àtic.

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Delicias Àtic, by Nicolás Román.

Todo listo. A pocas semanas para inaugurar las vacaciones estivales, estos atractivos espacios cobran más aliento, si cabe. Porque las terrazas, como las bicicletas, también son para el verano (o el invierno). Ese tiempo en el que las dificultades se esfuman como por encanto y sonreímos más, como cuando teníamos 15 años. A veces pienso que, hoy, buscamos la felicidad en lugares equivocados ¡No es tan complicado! Tal vez solo se trate de parar, sentir lo que te rodea y despertar. Estar menos y ser más.

Has llegado a tu destino.

Raúl Hurtado